Memorias de un Lajeño: 1940-1967 Volumen 1
El Charco de las Mujeres
Siguiendo el Chorro de Tona hacia arriba, llegábamos a un punto donde la quebrada doblaba hacia la izquierda. Como cincuenta pies después de este doblez y frente a los terrenos de Emilio Méndez, la erosión de la quebrada había cavado un hoyo como de cuatro pies en su parte más profunda formando un charco. El agua de este charco era bien clara y limpia. La profundidad del mismo iba disminuyendo en forma gradual por una extensión como de trece pies, luego de la cual la quebrada continuaba su curso normal. A este charco se le dio el nombre de Charco de las Mujeres. La razón fue que el mismo era usado por mujeres para lavar ropa. En algún momento determinado, los muchachos descubrieron que era un buen sitio para nadar y comenzaron a frecuentarlo. Como era un área solitaria pues todo el que se “bañaba” allí lo hacia sin ropa. Esto hizo que las mujeres movieran su área de trabajo más abajo en la quebrada, fuera de la vista del charco. Con el correr del tiempo, sin embargo, dejaron de ir completamente.
El Charco de las Mujeres jugó un papel muy importante en la vida de la muchachada de aquel entonces. Por lo menos en la de aquellos que sabían de su existencia. En primer lugar, era una alternativa a la playa; la más cercana estaba situada en La Parguera. Además, fueron muchos los muchachos que aprendieron a nadar en ese charco; yo me cuento entre estos. Todos mis amigos y conocidos iban allí. Allí iban Vidal, Rafael (hijos de Delio), Edison, Diplo (hijos de Bernardo e Ilia), Junito (hijo de Frao Cotte), Raul Torres, Jenaro, Enrique Pacheco, Toty, Israel Rodríguez y muchos otros muchachos. Solo recuerdo los que eran mis amigos y conocidos, pero iban muchos otros que yo no conocía.
Debo añadir algo más sobre este tópico. Por increíble que parezca y hasta donde yo recuerdo, a pesar de que todo el mundo se bañaba desnudo en este charco, nadie se fijaba en los demás para burlarse o criticar. Tampoco se hacían bromas de mal gusto. Yo soy la prueba viviente. A pesar de lo tímido y lo flaco que yo era, no tenía ningún reparo en quitarme la ropa como todos los demás. No recuerdo que nadie se burlara de mí ni me hiciera ninguna broma de mal gusto. Más arriba del charco de las mujeres se encontraba el llamado Charco de las Padillas.
Estuvimos visitando el Charco de las Mujeres hasta fines de los años 50 cuando ya el agua del mismo no era saludable.
Extracto de Memorias de un Lajeño: 1940-1967©
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Así se inicia una de las más interesantes aventuras en el tiempo jamás registradas. El lector acompañará al autor en un viaje a través del tiempo, en el pueblo de Lajas.
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Memorias
de un Lajeño: 1940- 1967 Volumen 1 no es una
autobiografía. Tampoco es una historia del pueblo de Lajas, ni una
historia de la música popular en Puerto Rico, ni un tratado de teología.
Es lo que dice el título: unas memorias. De la misma manera, algunos
de los eventos presentados en esta obra no ocurrieron en Lajas. Pero todos
esos eventos están conectados con Lajas de una u otra forma. La obra
esta presentada en forma narrativa y he tratado de hacer la misma lo más
amena e interesante que he podido. En ella intento revivir una época;
una época que no es sino un paréntesis dentro de la larga
historia de nuestro querido Puerto Rico. También debo añadir
que los detalles de la vida cotidiana que encontramos aquí presentados
no estaban confinados al pueblo de Lajas en el cual ocurrieron, sino que
reflejan lo que estaba ocurriendo en los otros pueblos de la isla en esos
años.

Carlos Muñoz-Medina(el Nene)
Autor
¡Lector! Te invito a
contemplar una fotografía a todo color y de alta resolución
de un paréntesis de 25 años en la vida del autor en un espacio
definido entre la Calle San Blas y el Chorro de Tona, en Lajas (Puerto Rico);
tres generaciones atrás. Una fotografía con carácter
de universalidad, pues lo que ocurría en este vecindario en particular
no era distinto a lo que ocurría en todos los vecindarios de Puerto
Rico a la sazón. La exactitud de la información presentada,
la gama amplia y completa de todos los pormenores de la vida cotidiana,
nos transportan casi en vivo a los que conformamos esa generación,
y constituye una joya formativa e informativa para las generaciones más
nuevas. Ningún puertorriqueño - joven o viejo - de donde sea,
debe privarse de lectura tan documentada, amena e interesante como la contenida
en esta obra.
Luis Fernando Ortiz
(Cuco)
Ingeniero Lajeño (retirado)