Memorias de un Lajeño: 1940-1967 Volumen 1

 

EL PAN FRANCÉS

   Aprovechando que el verano es tiempo de vacaciones para los estudiantes decidimos ir a Lajas a ver la familia. Acepto que también fui a ver el paisaje y la gente del pueblo y a observar lo que ha cambiado y las cosas que permanecen igual.
Por la mañana decidí ir al pueblo a comprar pan francés para el desayuno. Fui a la Panadería Valle. En este momento es donde mejor pan francés hornean. Una mañana hermosa, clara, una de esas mañanas maravillosas. Una mañana lajeña. Tal vez por querer tanto este pedazo de patria es que las mañanas me parecen diferentes. Esas son las mismas mañanas en que me retardaba en la cama, antes de ir a la escuela. En esas mañanas corría los gallos, para prepararlos para la pelea. Recuerdo el gallo jiro que tantos combates hizo en la gallera de Don Mon {(Ramón) tocón} en las arenas y la vieja gallera de San Germán. Mi padre acostumbraba levantarme para que antes de ir a la escuela, traqueara y descrestáramos los gallos. Ese rayo de sol que entraba por el hoyo donde hubo un nudo, en la madera del cuarto donde dormía, todavía me trae los recuerdos más dulces de mi vida. Por eso en una visita a mi pueblo me tomo en un sorbo de café el futuro, y en el fondo de la tasa siempre quedan vestigios del pasado.
   A las siete de la mañana Don Amado tocaba la campana de la escuela Perry y se escuchaba en todo el pueblo. A las siete y media volvía a sonar y a las siete y cuarenta y cinco sonaba con un sonido corto y corrido, anunciando que faltaba poco para las ocho. Los domingos el repique de las campanas de la iglesia católica marcaba la hora para los lajeños. Mas tarde en la mañana sonaba la campana de la Presbi. Este sonido era mas grave y profundo. Los sonidos mañaneros de los gallos, los pregones de Chanda, de Jardirez, de Rate la Cotona, de Darío Linares que pregonaba el titular del periódico y luego gritaba "Guerra, Guerra" dándole sensacionalismo al titular. Me recuerdan esas mañanas de un sol radiante, me alegran las mañanas con el aroma del pan de la panadería Frank. Recuerdo el sabor del maví que hacía Alejo (el gordo). Inunda mis sentidos el sabor de una empanadilla de Aurora, o de Doña Chate. Jamás una empanadilla me ha sabido igual a una de las que comí en mi pueblo de la canasta de Edwin Carne frita. Ya en las mañanas no encuentro esas sabrosuras lajeñas. Solo puedo vagar por las calles con mi canasta de recuerdos.
   La vieja Plaza del Mercado la destruyeron para hacer un estacionamiento para carros públicos. La Plaza era vida y no como ahora, un depósito de gotereo de aceite. Fui a la plaza de hoy y solo queda Amilcar Vilanova (mejor conocido como Toro) con su negocio, allí pedí una empanadilla y una alcapurria de yuca. El sabor me transportó a los sábados en que me daban una lista en un papel de estraza para que comprara la carne de res a Juan Paguín, las viandas a Ramoncito Morales, guineos maduros a Don Víctor Henríquez, tomates del país, pimiento y cilantrillo a Ramón Pérez. Si mami pedía carne de cerdo se la compraba a Sico. Realmente llenaba dos macutos. Compraba todo para el sancocho, carne para guisar y solo gastaba dos pesos. …. Pero todo esto pasó. Cada vez que siento estar en Lajas se me mezcla un sentimiento de alegría y de tristeza. Me disfruto las mañanas con la alegría de saludar la gente al pasar. Con la nostalgia de sentir mis lágrimas bajar al saber que mucha de mi gente vive, solamente en….mis recuerdos.
William Morales

Extracto de Memorias de un Lajeño: 1940-1967©

 

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Así se inicia una de las más interesantes aventuras en el tiempo jamás registradas. El lector acompañará al autor en un viaje a través del tiempo, en el pueblo de Lajas.

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Memorias de un Lajeño: 1940- 1967 Volumen 1 no es una autobiografía. Tampoco es una historia del pueblo de Lajas, ni una historia de la música popular en Puerto Rico, ni un tratado de teología. Es lo que dice el título: unas memorias. De la misma manera, algunos de los eventos presentados en esta obra no ocurrieron en Lajas. Pero todos esos eventos están conectados con Lajas de una u otra forma. La obra esta presentada en forma narrativa y he tratado de hacer la misma lo más amena e interesante que he podido. En ella intento revivir una época; una época que no es sino un paréntesis dentro de la larga historia de nuestro querido Puerto Rico. También debo añadir que los detalles de la vida cotidiana que encontramos aquí presentados no estaban confinados al pueblo de Lajas en el cual ocurrieron, sino que reflejan lo que estaba ocurriendo en los otros pueblos de la isla en esos años.

Carlitos
Carlos Muñoz-Medina(el Nene)
Autor

 

 

¡Lector! Te invito a contemplar una fotografía a todo color y de alta resolución de un paréntesis de 25 años en la vida del autor en un espacio definido entre la Calle San Blas y el Chorro de Tona, en Lajas (Puerto Rico); tres generaciones atrás. Una fotografía con carácter de universalidad, pues lo que ocurría en este vecindario en particular no era distinto a lo que ocurría en todos los vecindarios de Puerto Rico a la sazón. La exactitud de la información presentada, la gama amplia y completa de todos los pormenores de la vida cotidiana, nos transportan casi en vivo a los que conformamos esa generación, y constituye una joya formativa e informativa para las generaciones más nuevas. Ningún puertorriqueño - joven o viejo - de donde sea, debe privarse de lectura tan documentada, amena e interesante como la contenida en esta obra.

Luis Fernando Ortiz (Cuco)
Ingeniero Lajeño (retirado)